La paradoja de la dieta baja en grasa y su relación con la obesidad

La paradoja de la dieta baja en grasa y su relación con la obesidad
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El origen de la dieta baja en grasa.

La sola mención de la palabra grasa es ya casi un tabú en la sociedad actual. Pensamos que lo más saludable es la dieta baja en grasa y culpamos a ésta de muchos de los problemas de salud que actualmente tenemos en nuestra sociedad. ¿Pero realmente es así?

A partir de la década de los cincuenta del siglo pasado, los problemas de corazón empezaron a aumentar y convertirse poco a poco en una de las principales causas de muerte de la población occidental. La sociedad norteamericana, pionera en este tipo de cuestiones, comenzó a cambiar el enfoque que había dado hasta ese momento a la alimentación, empezando la demonización de las grasas animales. Esto fue en parte debido a estudios médicos mal documentados y en parte también a teorías filosóficas muy de moda en los sesenta que culpaban al aumento del consumo de carne animal del hambre en el mundo, basándose en que cada vez más cosechas de cereales eran destinadas al consumo de la ganadería y menos al consumo humano.
La idea de que comer carne animal con grasa era perjudicial para la salud fue calando cada vez más en la sociedad, sobre todo a partir de 1977, año en el que el senador George McGovern publica los “Objetivos dietéticos para los Estados Unidos”. En estos objetivos se hacía una llamada al pueblo estadounidense para que redujeran drásticamente el consumo de grasas. Ya en su época se trató de una medida muy polémica, el senador McGovern tenía buenas intenciones pero no tenía ninguna formación como médico ni como nutricionista y fueron muchos los profesionales de la medicina que públicamente se manifestaron en contra de sus teorías y que cuestionaban la salubridad de la dieta baja en grasa animal y se posicionaban a favor de una dieta baja en carbohidratos.

 

La reacción de la industria alimentaria.

Los consumidores comenzabn a exigir cada vez más productos bajos en grasa y la industria alimentaria no iba a perder la oportunidad de conquistar este gran nicho de mercado. Pero si quitaban la grasa a los alimentos estos ya no sabían igual, se volvían sosos e insustanciales. Así que comenzaron a añadir adictivos que los hicieran sabrosos y atractivos para sus clientes. Si además estos adictivos creaban en el consumidor una cierta dependencia mejor que mejor. El azúcar, los saborizantes químicos y el jarabe de glucosa procedente principalmente del maíz, comenzaron a aparecer cada vez en mayor número de alimentos. Pero mientras que la grasa es un saciante natural que hace que una persona se sienta satisfecha con una porción de comida proporcional a sus necesidades, etos azúcares y saborizantes no poseen esta cualidad. Eso hace que las raciones necesiten ser mucho mayores para que el consumidor se harte. El alto índice glucémico de estos productos eleva también nuestro apetito, haciendo que tengamos ganas de comer mucho antes. Consecuencia: se comían mayores cantidades de alimentos con un valor calórico mucho mayor y una calidad muy reducida debido a su procesado.

Y surge la paradoja de que la dieta baja en grasa es responsable del aumento de la obesidad.

Por desgracia así fue. Todas estas personas que buscaban cuidarse y llevar una vida más saludable estaban siguiendo unas instrucciones con una base errónea y además eran manipuladas por una industria sin escrúpulos que aprovechaba para su beneficio la nueva moda de la dieta baja en grasa. No hay más que ver las estadísticas para comprobar el crecimiento exponencial del problema de la obesidad desde los años setenta hasta nuestros días.
Actualmente, gracias en parte a que todo el mundo tiene acceso a una amplia información a través de las nuevas tecnologías, las personas preocupadas por su salud se cuestionan las teorías tradicionales y buscan información lógica y bien fundamentada para mantenerse en forma. Cada vez quedan menos partidarios de este tipo de dieta baja en grasa animal entre los médicos y nutricionistas más prestigiosos

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